martes, 6 de diciembre de 2011

LA ANUNCIACIÓN A MARÍA



La Anunciación a María de Paul Claudel
Un llamado poético a la reconciliación

Ruth María Ramasco


Introducción

Queremos presentar hoy un breve análisis de la hermosa obra de teatro de Paul Claudel[1], La Anunciación a María[2]. Pero nuestro propósito no es la crítica literaria, puesto que no es esa nuestra competencia. Sólo quisiéramos exponer lo que hemos escuchado por medio de su voz, por la fuerza de ese implacable desatino que es la cordura que instauran los poetas. Hemos escuchado, como el inmenso bramido lejano de la creciente de un río, cuyas aguas voraces aún no vemos,  hemos escuchado en Claudel el llamado imperioso de la Resurrección. Ese llamado ha tocado en nosotros ese áspero nudo donde se cruzan las vidas de varones y mujeres, en aquellos desacuerdos y distancias insondables que atraviesan nuestra historia actual.

Dicha aspereza nos interroga: ¿nos es posible, real y efectivamente posible,  la proximidad, la tarea compartida, el desafío mutuo, el amor? Pues los cambios en nuestra vida han sido innumerables.

Recuerdo el río


RECUERDO EL RÍO
Relato en fantasía de una pena cierta

Ruth María Ramasco
Tucumán, 1 de diciembre de 2011

Recuerdo el río y la lejanía de mi vida con el pulso tormentoso de sus aguas. Recuerdo también la certeza de la orilla bajo mis pies, los cuerpos familiares, la lengua que creía hablar y entender. A mis oídos aún les duele la ausencia de esas voces que me eran entrañables; mis ojos, desde esta orilla tan lejana, aún persiguen las siluetas de ese mundo al que jamás volveré. No importa si pierdo mis relatos de niña o si es mi memoria, mi frágil memoria, el único centinela que guarda las crónicas de mi vida antigua. El río me ha llevado. Yo creía cruzarlo: él me raptaba.